Internet (con su faz más conocida, el World Wide Web) y CD-ROM (incluso su sucesor inmediato, DVD o Disco Versátil Digital) son medios "transitorios" en diversos sentidos. El primero por incipiente, aunque apremiado por un porvenir que se va hinchando más y más, constituyendo un territorio sin suelo en el que conviene aventurarse aceptando lo que tiene de inestable, efímero, inmaterial, disipador… (Otros intereses menos idealistas, libertarios y altruistas intentan, claro está, darle la vuelta a todo eso.) El CD-ROM, en cambio, tiene de transitorio que ya hace tiempo que se presagia su desaparición, mientras que las versátiles variantes del DVD son sólo un primer paso en la carrera hacia una capacidad de contenidos mayor (habiéndose ya anunciado algún que otro formato futurible). También se ha dicho que el CD-ROM carece de sentido en la medida que Internet, o las redes que la sucedan, adquieran una mayor agilidad y comporten unos menores costes de conexión; ambas cosas siendo todavía un escollo importante que se deja notar en el aquí-y-ahora.
El CD-ROM es básicamente un soporte de almacenamiento, uno que ha llegado a encontrar gran implantación al término de los 90 por su barato coste. Y, si en sus especificaciones actuales, ha de verse relevado inmediatamente por el DVD y tecnologías sucesivas, se puede argüir que el soporte y formato en sí del disco compacto digital, más y más versátil y capaz —vídeo a toda pantalla, audio de mayor calidad que la aceptada actualmente, cantidades ingentes de información multimedial/hipermedial—, puede seguir teniendo vigencia durante años y años, en tanto no se produzca un giro realmente copernicano en lo que es actualmente la Red y la informática de consumo. Internet, en tanto que madre de todas las redes que estén por llegar, representa por otro lado un medio bien inmaterial, lo que constituye todo un hechizo en relación a la evolución del arte y las ideas estéticas a lo largo del siglo XX, sin que cese de conllevar nuevas contradicciones y dilemas en cuanto a la economía política o el simple "modus vivendi" de las prácticas artísticas alternativas.