Descubierta en Inglaterra en 1947 al amparo de investigaciones en pos de la capacidad resolutiva del microscopio electrónico y gracias al talento del ingeniero electrónico húngaro Dennis Gabor, la holografía tuvo que esperar a la aparición de los láseres (1960) para obtener una fuente de luz coherente que la hiciese posible. Ambos instrumentos, la holografía y el láser, han resultado ser herederos del desarrollo de la mecánica cuántica con su doble interpretación de la luz como onda y como corpúsculo. A la hora de ubicar la práctica artística de la holografía dentro de un contexto más específico, no definido por la crisis de los sistemas de representación y la emergencia de lo que se ha venido en llamar las nuevas tecnologías, la manipulación de la luz con fines expresivos y creativos es el campo de referencia ineludible, precisamente por ser la luz la materia misma de su trabajo.